Seguramente Adam y Alexander no habían nacido cuando yo tenia colgados en las paredes de mi habitación las fotos de aquellos primeros Iron Maiden del Killers, y los Accept del Restless and Wild. Quizás igual que yo me harté de ver vídeos de Led Zeppelin, los primeros AC/DC o los legendarios Aerosmith en busca del germen del para mi auténtico Rock N Roll, ellos por tema generacional se hartaron de visionar los VHS colgados en youtube de las bandas más macarras de la NWOBHM o de la oleada de Heavy Metal Alemán de los 80′s, seguramente para ellos ese germen rockacional que yo busqué con dos décadas de antelación.

Lo cierto es que me preocupé de separarlos del resto un poco antes, desde que los vi con esas perfecto, con esas botas blancas, con esas camisetas inexistentes, con esos pelos descuidados me vino a la cabeza la auténtica esencia del rock que me infectó el año del mundial de España (no el que ganó, el que organizó) y me apresuré a disparar para intentar captar la rebeldía, la chulería, la actitud, en definitiva “mi Rock” por excelencia.

Simple y llanamente el medio de transporte nómada de una estrella del rock descuidada pero llena de encanto y afortunados recuerdos que viví en plena adolescencia. Estos momentos son los que han hecho que a pesar de todos los cambios que he tenido en mi vida, siga manteniendo arraigado aquello que me hizo sentir tan diferente como feliz.

 

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