La verdad es que a pesar de conocer su sonido, cuando llegué a la sala no podía adivinar quien era en realidad Joe. Tenia en mi retina el típico americano pasado de kilos que tocaba la guitarra como los mejores bluesman negros del delta, y oír venga Vincet (no sé porque al mundo anglosajón se le antoja decirme así) no me di cuenta que aquel delgado hombre de gorra de béisbol era el mismísimo Bonamasa.

Miramos un poco alrededor, vimos la batería de Gibson y pensamos, bueno, si eso es tu vida, que mejor que hacer la foto ahí?. Nunca había visto una foto de él con tantas guitarras ordenadas a su alrededor y se me antojó buena idea.

Después de hacerse un repeinado al más puro estilo primera comunión se mantenía serio y distante, como diciendo, acabemos de una vez. Hasta que al final una simple frase como “te veo estupendo, has perdido mucho peso y tu imagen es mejor que nunca” consiguió que esbozará una leve sonrisa. Ese día descubrí que una frase tan tonta como esa, no solo me sirve para recibir las gracias de cualquier mujer que se tercie, sino también de un rockstar tan frío como Joe. Lo que no podía imaginar era que después en el bar de la esquina le tuviera que explicar a Joe qué son los cacahuetes, cómo se pelan para comérselos y decirle que esa mezcla de bebida que estaba haciendo inconscientemente a base de sorbo de lata de coca-cola, y trago de vino aquí en España se mezcla directamente en el vaso y le llamamos calimocho!.

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