Paul siempre fue y será recordado como aquel punk de finales de los 70′s que sin saberlo se encontró grabando discos para los que a la larga serian la mayor banda de Heavy Metal de la historia.

Sin imaginárselo Paul es justo el eslabón perdido, el último nexo entre la muerte del Punk y el nacimiento del Heavy Metal. Y aunque su participación en Iron Maiden estaba más que caducada desde el cambio de década absolutamente nadie puede juzgar su legado.

Paul le dio a Iron Maiden con “Iron Maiden” y “Killers” el justo y necesario degradado musical para convertir una banda de metal nacida en mitad del punk en algo sin demasiados cortes abruptos. Sin quererlo, sin buscarlo, Paul sentó la base y como los encofradores de un enorme edificio llegó, hizo los cimientos, montó la estructura y desapareció despedido como perdido en un tiempo que no le correspondía y al que no se había sabido adaptar.

Hoy en día Paul ha perdido la luz de sus ojos, la viveza que lo hizo grande pero ha mantenido su rebeldía, su vida envuelta en la peligrosidad que lo persiguió y de quien fue siempre abrazado a lo largo de todos estos años. Afortunadamente conserva su voz y aún mermado de cualquier facultad motriz de una rock star con su sigue siendo aquella voz de Running Free y Murders in The Rue Morgue.

Paul Di’Anno, el hombre de la mirada triste, quien sabe si viendo lo que podría haber sido, quien sabe si sintiéndose aún hoy traicionado.

 

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