No creo que haya muchos artistas tan odiados pero al mismo tiempo con tanto poder de convocatoria como Marilyn Manson. Se le ha tachado de cualquier cosa que uno pueda imaginar y se han contado tantas fábulas sin moraleja alrededor de su persona que podríamos contar mil y un cuentos alrededor de él.

Casualmente he conocido tres tipos de Manson. El de la gira de “Antichrist”, un tío en pleno vuelo ascendente de fama. Sudando drogas y alcohol, capaz de terminar un concierto en Valencia y ahogarse en la barra del bar de la esquina a cervezas y cacahuetes. El de la gira de “Eat Me”, mucho más tranquilo y refinado, lleno de glamour, exigente en caprichos y sencillo en hechos. Capaz de volver loca a una organización por un licor y chocolate bizarro donde los haya y terminar comiendo una patata asada. Y por último el Manson de “High End”, agresivo y depresivo, malcarado y lascivo, inaccesible y vengativo ofreciendo 15000$ por quien se atrevió en el pasillo de camerinos a decirle “so payaso” por no firmarle un autógrafo.

En fin, un incomprendido, un víctima de la sociedad que hizo de su vida un show demoledor, una estrella que no ganará un grammy pero que no faltará en los actos de entrega. En definitiva, un individuo no tan como parece y si excesivo en apariencia. Simplemtente… FASCINANTE en todas sus versiones, realidades paralelas y puestas escénicas.

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